

Consíguelo
Herida propia

Una presencia y un sueño.
No recuerdo ya la calle.
Siempre con su presencia de esquiva belleza.
Un espacio rutilante de deseos
que esconden tu encuentro callado. Gozoso.
Un silencio que mece las luces y las sombras.
Los árboles brotan tu ausencia. Infinita.
Los balcones se visten de sus ramas
y las ramas de los reflejos de aquel duelo.
El instante enterrado
en un tiempo impreciso que no volverá.
Y sueñan las aceras con las voces del beso.
Nuestro único beso.
En el hueco aparente del recuerdo
existe una calle con balcones abiertos.